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Las huestes del mal y las nuevas ideas

4. Y todos adoraron al dragón, porque se le había cedido el poder, y también adoraron a la bestia, diciendo: «¿quién se le puede igualar? y ¿quién puede luchar contra ella?»

5. «Y se le permitió a la bestia proferir palabras altaneras y blasfemias; y se le dio poder para actuar durante 42 meses»

9. ¡El que pueda entender, que entienda!

Apocalipsis 13

La «prognosis criminal» es la ciencia mediante la cual, los psiquiatras forenses logran establecer la probabilidad que tiene un sujeto potencialmente peligroso, de cometer un delito; y la «escala de la maldad» es el criterio subjetivo que sugirió el doctor Michael Stone para medir el índice de perversión y crueldad, establecido en una escala desde el nivel 1 (el menos sádico) hasta el nivel 22 (el peor).

Según la mayoría de los autores, en un régimen tiránico, no todos sus miembros expresan una animosidad hacia el mal, con la misma intensidad; y así no puede decirse que fue igualmente perversa la «bestia de Auschwitz», María Mendel, autora de la muerte de cerca de 500,000 personas, incluidos niños; que Eva Braun, la amante de Hitler, que no fue responsable directa del homicidio de nadie, ni se sabe que disfrutara del sadismo del régimen, aunque obviamente prefirió ver hacia otro lado cuando ocurrían los horrores.

El problema antropológico es que sin importar las excusas que los culpables suelan dar cuando son capturados por un tribunal internacional, su comportamiento fue perverso, a la luz de la ley natural, y aunque algunos habrán pecado por su propia estupidez, la mayoría de los líderes de una dictadura son responsables directos de crímenes contra la humanidad; pero todos son culpables de no haberse opuesto al mal, desde los empresarios complacientes, hasta los verdugos y los sicarios que se ensuciaron directamente las manos.

Nadie puede obedecer una orden que implique la violación de los Derechos Humanos. Cualquiera que lo haga será cómplice del mal; y esto no se trata de si es una idea popular, o si es poco atractiva para el Pueblo. nadie puede evitar la salud o la alimentación de los detenidos, ni privar de la libertad a una persona, porque «estuvo nervioso» durante el interrogatorio o la requisa policial.

El juez o magistrado que desoiga su conciencia y por congraciarse con el tirano acepte la brutalidad policial y los vejámenes será corresponsable del delito. Y los diputados, alcaldes o ministros que abusen de su autoridad, y escudados en la popularidad del dictador, actúen con dolo, también deberán responder un día ante un tribunal superior, ya sea en esta tierra, o en el más allá.

Espantosa es la noticia que se ha conocido recientemente, sobre las torturas sistematizadas en el curso de este terrible gobierno, que vive en la excepción a la ley; y de los muertos en manos del Estado. De esos crímenes contra la humanidad, más de algún funcionario deberá pagar tarde o temprano.

¡Qué repetitiva es la historia de los regímenes del mal!, siempre con ínfulas de novedosos, aun cuando son una crónica anunciada. Todos creen que son nuevas ideas, pero solo son más de lo mismo; y todos se auto proclaman representantes del Pueblo. Todos creen encarnarlo y cometen desmanes terribles invocándolo. Con qué razón se quejaba Madame Roland, antes de ser guillotinada, delante de una alegoría en la plaza de la concordia, diciendo: «¡Oh, Libertad!, ¡cuántos crímenes se cometen en tu nombre!»

El mundo se retuerce hoy entre los inescrupulosos populistas, que dicen ser la genuina representación de sus naciones, y destruyen lo sano y lo decente en todo el orbe. La guerra se ensaña contra los mejores, los obispos imploran el auxilio de lo divino mientras los gobiernos los encarcelan o ven impávidos cómo queman iglesias o golpean y matan sacerdotes, y desde África, hasta Europa, Asia y las Américas, siendo que El Salvador no es la excepción, vemos que el mal gana en apariencia.

Pero solo es eso, una apariencia en donde la maldad parece triunfar; porque al final del camino, como repetimos con harta frecuencia, y tal como Daniel lo debió explicar al rey opresor de Babilonia, los tiranos de la Tierra tienen sus días contados, sus obras ya están pesadas (y no dieron la medida) y al final el reino indigno será dividido. ¡Porque, si estamos con Dios, quién podrá contra nosotros!

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