El magnate, criticado por una cena con Kanye West y un líder supremacista, recupera su denuncia de fraude electoral y dice que los «fundadores no lo hubieran aprobado»

La ley es clara para todos excepto Donald Trump. O eso, o el magnate ha decidido jugar fuerte con su candidatura a la Casa Blanca en 2024 y convertirse en el apóstol de la radicalidad y de todos aquellos que todavía piensan que Joe Biden le robó la presidencia en 2020. Lo demostró el sábado con un mensaje en su red social particular donde saltó la última línea roja de las reglas políticas estadounidenses al abogar por disolver la Constitución precisamente a causa de un «fraude masivo de este tipo y magnitud» como él define a su derrota en las urnas hace dos años. «Permite la terminación de todas las reglas, regulaciones y artículos, incluso los que se encuentran en la Constitución», escribió Trump en la plataforma Truth Social.

El mensaje tuvo en la noche del sábado una amplísima repercusión en la clase política de Estados Unidos y dejó estupefactos a millones de ciudadanos, acostumbrados por otra parte a las salidas de tono del expresidente. Sin embargo, muchos consideraron que llevar adelante sus repetitivas quejas cuestionando uno de los pilares fundamentales de la convivencia americana –el otro soporte de la democracia, el Capitolio, ya sufrió un intento de asalto en enero de 2021– es ir demasiado lejos. Sobre todo, porque Trump continuó demostrando que su primer tuit no resultó un desliz incontrolado. Más tarde añadió los siguientes: «Un fraude sin precedentes requiere una cura sin precedentes» y «nuestros grandes ‘fundadores’ no querían, y no aprobarían, elecciones falsas y fraudulentas».

La Casa Blanca reaccionó con rapidez y grandes dosis de enfado. Abroncó al exmandatario hasta el punto de subrayar que «atacar la Constitución y todo lo que representa es un anatema para el alma de nuestra nación y debe ser condenado universalmente», dijo el portavoz de la Casa Blanca, Andrew Bates, en un comunicado. Bates enfatizó que la Constitución es un «documento sacrosanto» y envió al magnate un recado que Biden utiliza con frecuencia: «No puedes amar a Estados Unidos solo cuando ganas».

El calibre de la cólera del Gobierno se pudo medir por lo grueso de sus epítetos, incluido el de tratar al anterior inquilino del Despacho Oval como una especie de tirano. El comunicado oficial recuerda que la carta fundamental ha garanizado durante más de dos siglos que «la libertad y el Estado de Derecho prevalezcan en nuestro gran país. La Constitución une al pueblo estadounidense, independientemente del partido, y los líderes electos que juran defenderla». En ese sentido, se trata del «último monumento a todos los estadounidenses que han dado su vida para derrotar a los déspotas egoístas que abusaron de su poder y pisotearon los derechos fundamentales».

También el Comité Nacional Demócrata condenó las palabras de Trump como «inaceptables» por su capacidad de «alimentar el odio y la violencia política. Son peligrosas». El senador Brian Schatz se preguntó, por su parte, qué opinión habrá causado la reclamación del líder republicano entre los «conservadores constitucionales».

De charco en charco

En principio, todo apunta a que, más allá de un juicio de valor, los republicanos moderados se estarán preguntado qué pasa con el candidato del partido a las presidenciales de 2024. Desde su autonominación a esta carrera, Trump no ha dejado de meterse en charcos especialmente profundos: su mención hacia la abolición de la Carta Magna sucede a la polémica cena que celebró hace unos días en su mansión de Mar-a-Lago con el rapero Kanye West –vetado por sus elogios a Hitler– y el líder supremacista blanco Nick Fuentes, conocido por su antisemitismo, misoginia –es partidario de suspender a las mujeres el derecho a voto– y defensa de la teoría de que la derecha blanca debe gobernar Estados Unidos a toda costa.

El Partido Republicano se encuentra atrapado en una encrucijada. Por una parte, está urgido a dar una respuesta al aparente deslizamiento de su candidato hacia la radicalidad, lo que le aboca a un nuevo seísmo interno entre el ala moderada y la más extremista. El propio Trump les envió este fin de semana un recado a los primeros al calificarles de «republicanos débiles» por no haberle apoyado en su denuncia del fraude electoral. Por otro lado, en el partido aún se calibra si Trump será el aspirante adecuado para recuperar la Casa Blanca o es mejor mirar hacia otros posibles postulantes.

De momento, varios representantes de peso como el exvicepresidente Mike Pence ya han afeado al magnate sus compañías. «El antisemitismo es un cáncer», declaró recientemente el exsecretario de Estado, Mike Pompeo, David Friedman, embajador en Israel durante el Gobierno de Trump. fue más directo: «Trump, eres mejor que esto. Te insto a que eches a esos vagos, los repudies y los relegues al basurero de la historia donde deben estar».



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