Tomás F. Ruiz

A las mismas puertas de las elecciones al Parlamento británico, Rishi Sunack ha jugado su última y cuestionable baza política como primer ministro del Reino Unido: vigilar, acosar y criminalizar a todos los estudiantes universitarios que estén apoyado públicamente la causa palestina.

La controvertida jugada del primer ministro ha contado con la colaboración de algunos cargos universitarios, decanos y rectores, cuyos nombres se han mantenido hasta el momento en la clandestinidad. Rishi Sunak ha contado con la colaboración de estudiantes universitarios de origen israelí y vinculados a organizaciones sionistas. La reprochable actuación de la policía británica ha sido denunciada por organizaciones de derechos humanos y asociaciones universitarias en defensa de la libertad de expresión, que han reaccionado vehementemente ante este injustificable acoso y criminalización de todos aquellos que actúan en territorio británico denunciando el genocidio que lleva a cabo el ejército israelí contra la población civil de Gaza.

La organización de derechos humanos Network Police Monitoring (NMP) ha declarado ante esta situación que “las autoridades universitarias están aceptando sin ninguna reserva la paranoia policial que interpreta como apoyo al terrorismo el activismo político de grupos defensores de derechos humanos en Palestina, considerándola como una peligrosa influencia para el resto de estudiantes”. El University College Unión (U.C.U.) denuncia también esta situación: “las evidencias de que hay cargos universitarios que colaboran con la policía en señalar, vigilar y potencialmente criminalizar a aquellos universitarios que participan en las protestas por la paz y contra el genocidio (palestino), deberían encender las luces de alarma en todos los campus”.

La principal fuente de denuncias contra esta inesperada y más que cuestionable actuación represiva de la policía de Rishi Sunak, ha sido Liberty Investigates, una organización no gubernamental e independiente que ha denunciado el acoso de que son objeto estudiantes de todo el Reino Unido, especialmente de la universidad de York, donde una activista pro palestina, Tugba Iyigun, fue visitada en su domicilio por la policía y advertida de que podría ser procesada como simpatizante de terrorismo por pronunciar la carismática frase “From the river to the sea Palestine Will be free” (Desde el río -Jordán- hasta el mar, Palestina será libre) en una manifestación contra el régimen nazi-israelí en la que participó el pasado mes de noviembre.

Algunos analistas políticos interpretan esta inesperada reacción represiva de Rishi Sunak, que atenta contra la misma esencia de libertad de expresión que sustenta la democracia británica y que recuerda inevitablemente las razias contra los judíos que llevaba a cabo la Gestapo en la Alemania nazi, como un suicidio político ante la debaclé que su partido va a sufrir en las elecciones del 4 de julio y que dejará al partido conservador en una de las derrotas más catastróficas de toda su historia; otros, sin embargo, opinan que este suicidio político de Rishi Sunak le supondrá muchos y sustanciosos favores por parte de la trama sionista-israelí que maneja las finanzas de la capital del imperio, en manos desde mucho tiempo atrás de magnates y banqueros que aprueban y sufragan sin ninguna vergüenza, el ignominioso genocidio que Israel lleva a cabo con el pueblo palestino. Si esto es así, pronto veremos al primer ministro británico Rishi Sunak colmado de favores por los que, durante prácticamente todo su mandato, han sido sus indiscutibles amos desde la trama política sionista que maneja los hilos de la economía británica.