lunes, febrero 26, 2024
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El genocidio en Gaza y el nihilismo moral

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Un médico llora tras el ataque al hospital Al Ahli en Gaza, el 17 de octubre. EFE/Mohammed Saber

Tras más de tres meses desde el inicio de la masacre en Gaza, llegan días muy importantes para el futuro del Derecho Internacional Público. El pasado noviembre, el prestigioso Centre for Constitutional Rights de Nueva York, en representación de las organizaciones palestinas Defense for Children International y Al-Haq, presentó una demanda ante la Corte Federal del Distrito del Norte de California de Estados Unidos contra el presidente Biden, el secretario de Estado Blinken y el secretario de Defensa Austin, por la falta de prevención y la complicidad ante el riesgo de genocidio fruto de las acciones militares que Israel está llevando a cabo en la franja de Gaza.

Según la demanda, la estrecha cooperación entre ambos estados estaría incumpliendo las normas imperativas, elementales e inderogables del Derecho Internacional Público de prevenir todo acto de genocidio. Un genocidio que, como se ha señalado, sería “de manual”, y traspasaría el límite de décadas de despojo, expulsión, tortura, asesinato, discriminación y apartheid en los Territorios Ocupados. Una inercia terrible de odio y deshumanización que, si bien se ha disparado ante el condenable e inhumano atentado de Hamás, no puede justificar en ningún caso el genocidio.

En este sentido, la demanda señala, por un lado, que Estados Unidos conoce o debe conocer que los actos de Israel no se pueden enmarcar bajo la legítima defensa, pues, en realidad, están encaminados hacia la destrucción de la población palestina, atendiendo, entre otros, al número de muertos, desplazamientos forzosos, privación de alimentos, medicinas y todo tipo de suministros básicos, ataques premeditados a hospitales, destrucción masiva y arbitraria de hogares civiles durante el conflicto, y un largo etcétera.

Por el otro, las autoridades estadounidenses tampoco pueden obviar las más de medio millar de declaraciones por parte de altos cargos de Israel que demuestran la intención genocida, como llamar a los palestinos “animales humanos” (“human animals”), hablar de hacer Gaza permanentemente inhabitable, o explicitar que “el énfasis está en el daño y no en la precisión”.

Además, la demanda describe con claridad que, sin el apoyo incondicional de Estados Unidos, sería difícil que Israel pudiera mantener la actual situación en Gaza. Por ello, los demandantes solicitan a la citada Corte Federal la adopción de medidas cautelares para que el Gobierno de Estados Unidos cese de inmediato su cooperación con Israel y cumpla con su obligación de prevenir el genocidio emergente.

A finales de diciembre, numerosas entidades de derechos humanos, como la Red Global de Abogadas de Movimientos Sociales y el Observatori DESCA, nos hemos dirigido a la misma Corte Federal que estudia el caso para sumarnos a la demanda y señalar la necesidad de que Estados Unidos deje de vulnerar las normas internacionales más elementales, como ha ocurrido también en otros casos recientes como Afganistán, Iraq, la ‘Guerra contra el Terror’ o Guantánamo. El riesgo, o mejor dicho, la consecuencia, es una gravísima erosión de la legitimidad misma del Derecho Internacional Público y del sistema de los Derechos Humanos, algo que ha generado ya un caldo de cultivo de nihilismo moral que permite a otros estados justificar sus propias guerras ilegales, sus propios centros de tortura, sus propias ejecuciones sumarias, y sus propios genocidios.

De forma similar a la demanda federal, el pasado 29 de diciembre, Sudáfrica presentó un procedimiento ante la Corte Internacional de Justicia para que esta estudie la violación de la Convención para la prevención y sanción del delito de genocidio por parte de Israel, y adopte medidas cautelares con el mismo propósito de cesar inmediatamente el genocidio. Cabe recordar que este tipo de demandas admiten ser apoyadas por el resto de países firmantes de la Convención, por lo que reconocidos juristas ya han pedido al Gobierno español que se sume a la demanda, tal y como ya han hecho otros países como Bolivia, Jordania, Turquía, Malasia y la Organización para la Cooperación Islámica. Dichos apoyos son de vital importancia para contrarrestar la presión política que se ejerce en el presente caso. Hay que tener en cuenta que las primeras audiencias públicas se celebran ya los días 11 y 12 de enero.

Respecto de la demanda presentada ante la Corte Federal de Estados Unidos, la audiencia prevista para decidir sobre las medidas cautelares se ha convocado para el próximo  26 de enero.  De este modo, en pocas semanas ambas cortes podrían tomar decisiones que lleguen a impactar en la hasta ahora sólida alianza entre Estados Unidos e Israel, aislado de la comunidad internacional en relación con el conflicto. Dado el alto componente político, de poder, del asunto, también podría ocurrir que las acciones judiciales lleguen a archivarse o languidecer hasta que sea demasiado tarde, pero su mera presentación indica de por sí la imperiosa necesidad de reconstruir la confianza en la legalidad internacional como paso previo para lograr una salida humana frente al terror.

La importancia del caso no es sólo fundamental para la vida de las personas palestinas e israelíes, sino que servirá de precedente moral para el futuro. De ser favorables y rápidas, las decisiones de la Corte Federal de Estados Unidos y la Corte Internacional de Justicia, no sólo permitirían redoblar la presión para detener el genocidio en Gaza, sino que ayudarían a rehabilitar los instrumentos del Derecho Internacional Público en una época en la que su aplicación va a ser cada vez más necesaria.

Porque si no somos capaces de generar las condiciones internacionales para desintoxicar el odio que envenena los corazones y las mentes de los que ahora matan y mueren en Gaza, ¿seremos capaces de curar el mismo veneno que corre silencioso en otros rincones del mundo? ¿Seremos capaces de hacer frente a la crisis de la vida y evitar la muerte de millones de personas que, a causa de la catástrofe climática, huyen del desierto, del hambre, y de la sed? No hacerlo supondría dar pasos hacia el mismo abismo que la comunidad internacional trató de prevenir tras la Segunda Guerra Mundial. El genocidio es el crimen de crímenes, es la negación misma del derecho a existir de un grupo humano, es una afrenta directa contra la humanidad misma.

Detener el genocidio en Gaza y evitar genocidios futuros es la esencia de  nuestro compromiso moral como seres humanos. Si no reaccionamos pronto, recurriendo a Albert Camus, ¿acaso no estaremos siendo cómplices inconscientes de nuestro propio genocidio, tal y como lo fueron nuestros antepasados del Holocausto?