Manuel de la Rosa Hernández | Este 14 de abril recordamos el 90 aniversario de la proclamación de la Segunda República, que aunque duró poco tiempo, ha permanecido como un anhelo de esperanza y referente colectivo de libertad para millones de personas hasta hoy. La República fue mucho más que un cambio de un rey por un jefe de estado electo. Para las necesidades emancipadoras de hoy, nos interesa más rescatar lo que supuso la revolución social que se dio en el seno de aquel régimen nacido un 14 de abril, que recuperar a las alturas de este siglo XXI con profundas demandas sociales, aquella república burguesa, con sus contradicciones y limites sociales y políticos definidos por su marcado interés de clase. A ello hay que añadir que el 1 de octubre en Catalunya abrió para millones nuevamente el horizonte republicano, pero esta vez en plural, el de Repúblicas, poniendo al orden del día el derecho a decidir de las naciones del Estado y la posibilidad de establecer también su marco de relaciones, de federación o confederación entre ellas.

 

El 14 de abril de 1931 se proclama la República

En el Estado español antes del 14 de abril de 1931 lo que imperaba era el régimen monárquico de los Borbones, un régimen que le daba cobertura a las clases dominantes para el sojuzgamiento de las clases subalternas, sometidas a las carencias materiales más elementales, a la negación de derechos básicos y en  algunos casos, a relaciones de dominio del pasado, especialmente en el campo, donde campaba a sus anchas el caciquismo.

La victoria en unas elecciones municipales de los partidos republicanos el 12 de abril de 1931 llevó al cuestionamiento de la monarquía de Alfonso XIII y a la instauración de la Segunda República. Ese mismo año en las elecciones generales a Cortes de junio, los partidos republicanos ganaron por aplastante mayoría. Tras el triunfo en las elecciones municipales de las candidaturas republicanas en las principales capitales de provincia, la movilización social copó las calles en las principales ciudades, precipitando así el fin de la monarquía. Alfonso XIII salía rumbo a Italia, allí nació su nieto Juan Carlos. Desde los poderes del Estado y desde la clase dominante sacaron sus conclusiones y se apuntaron a cambiar algo para no cambiarlo todo.

Ese triunfo liberó numerosas fuerzas sociales, en el campo y en la ciudad, promovió iniciativas culturales y educativas transformadoras, se extendió la educación a las clases populares y dio un amplio aliento de organización y lucha al movimiento obrero y campesino. En el seno del nuevo régimen se logran importantes conquistas democráticas: como el sufragio femenino, el derecho al aborto y al divorcio, una tímida reforma agraria, la separación Iglesia-estado, derechos laborales, etc. El desarrollo de estatutos de autonomía en naciones y regiones estuvieron muy lejos del espíritu federalista y confederal que se vislumbró en la efímera primera república española.

Tras un breve periodo de gobierno de una alianza de republicanos y socialistas, la derecha va a ganar las instituciones de la República, primero en las elecciones municipales en abril de 1933 y en noviembre con las elecciones parlamentarias generales a las Cortes. Las contradicciones latentes en aquella sociedad tan desigual estallaron pronto y las fuerzas conservadoras volvían, así, a tomar fuerza.

Al primer gobierno republicanos y socialistas le sucede un gobierno derechista encabezado por Lerroux. El triunfo de la alianza de las derechas españolas (coaligadas en la CEDA), en el contexto de aquellos momentos, en que se daba un avance del fascismo en Europa, se percibió como una amenaza. Por todo ello se promovieron movilizaciones populares contra ese gobierno. En Alemania se había instaurado el régimen nazi de Adolf Hitler y en Italia había triunfado el gobierno fascista de Mussolini. que llevará en octubre de 1934 a conformar las Alianzas Obreras (UHP) para enfrentarla, cuya respuesta quedó reducida a Asturies. donde bajo el impulso de todas las fuerzas políticas y sindicales de izquierdas se produjo lo que se conoce como revolución de Asturies, lo que le permitiría al gobierno de la República aplastarla más fácilmente.  El gobierno de la derecha recurrió para el aplastamiento de los insurgentes asturianos a la entrada en escena al mando de Franco, de tropas coloniales españolas, habitualmente acantonadas en el territorio colonial español del norte de África (el llamado protectorado español de Marruecos). Esto supuso un primer ensayo del enfrentamiento de las tropas a un eventual levantamiento popular que conllevará la detención de miles de personas luchadoras en Asturias. El movimiento fue aplastado militarmente y miles de activistas fueron a parar a la cárcel. La amnistía se convirtió en una nueva exigencia del movimiento popular de resistencia a las derechas.

Tras esa derrota, el movimiento se fue recuperando muy lentamente, al calor de la crisis y las luchas de resistencia, el movimiento obrero y popular se fue reorganizando, cambiando la correlación de fuerzas a su favor. Más adelante, las luchas laborales, por la amnistía de los presos de Asturias, por la tierra, por los derechos nacionales, provocaron el desgaste del gobierno derechista. Es así como el Gobierno de Lerroux minado por los escándalos financieros renunció y disolvió las Cortes en enero de 1936 y convoca elecciones.

En la próxima contienda electoral de febrero de 1936, ese rechazo al gobierno se va a expresar  en el voto a las candidaturas del Frente Popular de las Izquierdas.  En febrero ganó las elecciones el Frente Popular, una coalición de partidos de la izquierda, y otras fuerzas sociales del pueblo, contando con el apoyo del anarco sindicalismo y del POUM. El triunfo electoral del Frente Popular se dio en medio de la lucha obrera y popular que se venía produciendo en el seno de la República tras el llamado bienio negro en que había ganado las elecciones la referida coalición de derechas (la CEDA). A pesar de que este nuevo Gobierno apenas hizo cambios profundos ni los pretendía, la oligarquía agraria y financiera no quería permitir que esto supusiera la reanimación de la lucha social en clave radical o revolucionaria. Por ello va a animar, patrocinar y financiar un alzamiento civico militar de corte fascista.

 

Un golpe fascista promovido por las élites

Ese Alzamiento Nacional fascista se conjura en todo el Estado con el general Mola a la cabeza, triunfará desde un primer momento en unos territorios del Estado y en otros no. Esta conspiración cívico-militar contaba con el apoyo de regímenes fascistas de algunos países, con el apoyo de las élites económicas españolas y las altas finanzas, en estados como el británico. La mayoría de la oficialidad militar española era partidaria del golpe. El golpe militar ya no era un secreto para nadie, pero lo único que se le ocurrió al gobierno fue dispersar a sus promotores, manteniéndoles al frente de regiones militares enteras, como a Franco que fue destinado a Canarias, “a pesar de que no se le esperaba”, según jefes de filas y varios otros como el general Yagüe en Andalucía, etc. Canarias quedó desde un primer momento totalmente bajo control militar, sirviendo de avituallamiento de tropas, víveres y puesta su economía al servicio de la reacción.

La tarde del 18 de julio, las direcciones del PSOE y del PCE declaraban: “…el gobierno está convencido de que posee los recursos suficientes para superar la asonada criminal” (…) “En la eventualidad de que los recursos del gobierno no sean suficientes, el Frente Popular, que cobija bajo su disciplina a la totalidad del proletariado español, promete solemnemente a la República que ha resuelto serena y solemnemente intervenir en la lucha apenas se requiera esa intervención.”

Afortunadamente, los obreros no estaban tan disciplinados al Frente, y saltaron por su cuenta a tomar las calles. La clase obrera de Barcelona, agrupada mayoritariamente en la CNT, impidieron que la República capitulara a los fascistas. El 18 de julio, obreros agrupados en la CNT y en el POUM asaltaron cuarteles, comisarias, y los tomaron. El gobierno de la Generalitat, al igual que el gobierno de la República se había negado a dar armas a los trabajadores, pero estos actuaron por su cuenta y en pocos días toda Catalunya estaba en manos de la clase obrera y sus organizaciones.

Si no se hubiera dado esta tremenda movilización social, el gobierno del Frente Popular hubiera acabado claudicando a los militares sediciosos.

 

Una revolución social en el seno de la República

El proceso que se dió en Catalunya se desarrolló en otros territorios del estado como el País Valencià y en otras ciudades como Madrid, Málaga,… Las organizaciones obreras empiezan a organizar sus milicias para enviarlas al frente. La tropa de la Marina toma el control de la flota arrestando a la oficialidad golpista. Las fuerzas que quedaron leales a la república y las fuerzas obreras y populares tuvieron que hacer frente a la ofensiva militar golpista que contaba con apoyos en los regímenes fascistas de Hitler y de Musolini.

En Catalunya se formó el Comité de Milicias Antifascistas que representaba a las organizaciones de trabajadores y a los partidos políticos. En los hechos eran el poder real, el gobierno de la Generalitat no podía tomar ninguna medida que no hubiera sido acordada previamente en el Comité.

Ante el golpe fascista, amplios sectores de trabajadores se pusieron en marcha, al tiempo que los pilares del viejo estado  se tambaleaban en importantes zonas de la República. La acción de los obreros y campesinos pobres inició una auténtica revolución a niveles social, político, económico y cultural. Lo que le da el carácter verdaderamente de Revolución Social, es el hecho de que los obreros se apoderaron de las fábricas y los campesinos de las tierras.

El control social de la economía por medio de organismos independientes del estado y de la burguesía, variaban según la zona: en Madrid abarcaba un 30%, en Asturies era de un 70%, en Levante er de un 50%. Aparte de la gran industria, este control se hacia extensivo a los transportes, la energía, las comunicaciones, etc. Los periodicos pasaron a ser controlados por sus trabajadores. La colectivización tuvo distintas fórmulas, incluyendo la cooperativa de trabajo asociaciado. El control de los medios de producción va a suponer también decidir las condiciones de trabajo, racionalizar los ritmos de producción.

Otro ejemplo extraordinario de este proceso revolucionario, fue el de la colectivización de la tierra a partir de la expropiación a los terratenientes. Se decide en asambleas de pueblo la forma y el alcance de dichas colectivizaciones. Pero donde las colectivizaciones agrarias pudieron desarrollarse a fondo fue en Aragón. Pero no todas las fuerzas republicanas estaban a favor de estas colectivizaciones, las republicanas burguesas no, pero tampoco el PCE, que frente a este proceso colectivizador en su periódico “Frente Rojo”, señalaba que “ni los ciudadanos ni la propiedad podían contar con la menor garantía: no había un campesino que no hubiera sido forzado a entrar en las colectividades (…)” Y calumniando como era su costumbre a los revolucionarios, señalaba: “En los consejos municipales se habían instalado fascistas conocidos y jefes falangistas…” Tierra y Libertad del director de cine social y político británico Ken Loach, refleja muy bien esta revolución social, en lo referido a Catalunya como a Aragón, lo que desenmascara a aquellos embusteros.

 

Conclusiones

La clave no estuvo tanto en las sobre dimensionadas bondades que defendía esa “república de trabajadores” (expresión recogida en su constitución), sino más bien por las esperanzas y demandas que puso en el centro al estar auspiciadas por poderosas fuerzas obreras y populares que se pusieron en marcha y que lo querían todo y no solamente libertades democráticas, también reclamaban justicia social. El problema secular de la tierra, la cuestión colonial en el norte de África con sus hazañas bélicas, el hecho nacional constituido por expresiones históricas diferenciadas sometidas por la fuerza del estado, todo ello permanecía latente y amenazaba con desbordar el marco republicano burgués. Con la República el problema agrario provocado por la propiedad latifundista de la tierra, el dominio y privilegios de la Iglesia Católica o la falta de soberanía de las naciones históricas siguieron existiendo, salvo en donde avanzó la revolución social. Las tareas pendientes no eran solo democráticas, eran también anticapitalistas, pues terratenientes y burguesía estaban unidos por numerosos lazos de familia y el capital había penetrado también en el campo.

Hoy se convierte en una necesidad acabar con la monarquía, que cierra el círculo del régimen corrupto del 78, con sus instituciones antidemocráticas, pero no para sustituirlas por un presidente electo y una institucionalidad republicana burguesa al uso, sino para remover todo desde abajo y hacerlo aunando las fuerzas populares de las distintas naciones y territorios del Estado, abogando por Repúblicas libres y confederadas que pongan en el centro la justicia social, los cuidados, el derecho a una vida digna y finiquite la dictadura financiera, en un horizonte ecosocialista, feminista y anticapitalista.

Queremos unas Repúblicas para romper el candado del  régimen del 78, donde cada nación del actual Estado ejerza libremente el derecho a decidir, incluida la independencia y su posterior relación con el resto de los pueblos libres y que ahora sufren la opresión bajo el dominio de un estado centralista y autoritario.

Pero sobre todo queremos romper también todas las cadenas que mantienen ahogada a las clase trabajadora, que garantice servicios públicos de calidad, que hagan posible una única red pública de sanidad gratuita y universal. Queremos una República que nacionalice la banca y todas las empresas privatizadas, estratégicas y de servicios esenciales y las ponga al servicio y disfrute de las clases populares.  Para que en territorios como Canarias, Euskal Herria, Catalunya, Andalucía o Galiza podamos contar con la posibilidad de levantar nuestras Repúblicas si así lo decidimos frente al Estado centralista y monárquico español. Por todo ello, ahora más que nunca: Por el Derecho a decidir, Repúblicas.





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