Entrada triunfal del ejército vietnamita en su país en 1954.
Entrada triunfal del ejército vietnamita en su país en 1954.Keystone-France (Gamma-Keystone via Getty Images)

La ficción, a veces, puede resucitar episodios o traumas de la historia que habían quedado enterrados. Es el caso de Indochina, colonia francesa en la que Francia salió derrotada en 1954 tras ocho años de combates, y que fue el prólogo a la guerra de Estados Unidos en el mismo territorio, la de Vietnam. En este invierno en que la guerra ha regresado a Europa con la invasión rusa de Ucrania, dos de los autores más celebrados de las letras francesas contemporáneas, ambos premiados en años anteriores con el prestigioso Goncourt, publican sendas obras en las que Indochina es la vez el tema y el trasfondo de la narración.

Une sortie honorable (Una salida honorable), de Éric Vuillard, es el relato de la guerra de Indochina y de Vietnam al puro estilo Vuillard: un montaje de escenas dispares, miniaturas reveladoras de toda una época, una Comedia humana abreviada que combina la orfebrería lingüística con la intencionalidad política. En Le Grand Monde (El Gran Mundo), Pierre Lemaitre es, como Vuillard a su manera, fiel a sí mismo: una desbordante saga familiar, una novela-río con ritmo trepidante y peripecias rocambolescas. La editorial Tusquets publicará en español el libro de Vuillard a principios de 2023; Salamandra, el de Lemaitre alrededor de esas fechas también.

El escritor francés Pierre Lemaitre, fotografiado a comienzos de 2020.
El escritor francés Pierre Lemaitre, fotografiado a comienzos de 2020.Samuel Kirszenbaum

Ambas obras, dos de los éxitos más celebrados de la rentrée literaria de invierno, tienen poco en común, a primera vista. Une sortie honorable tiene 199 páginas. Le Grand Monde, 579. Vuillard, autor de otras miniaturas históricas como El orden del día o La guerra de los pobres, es el maestro de la frase cincelada en la que nada sobra ni falta, un especialista en diseccionar con lente de aumento y a veces deformante los mecanismos del poder.

Lemaitre, que inicia con esta novela una trilogía sobre la Francia en las décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial, es el rey del folletín contemporáneo con depurada técnica literaria, mezcla de cultura popular y tradición literaria clásica. No busca la palabra más precisa –o no se nota el esfuerzo– sino la escena más sorprendente y la trama más descabellada. En Le Grand Monde narra las peripecias de una familia, los Pelletier, entre marzo y noviembre 1948, el momento del desencanto tras la euforia del fin de la guerra y la liberación, y los primeros balbuceos de los Treinta Gloriosos, las tres décadas de prosperidad que marcaron la Francia moderna.

En realidad, Une sortie honorable y Le Grand Monde se parecen más de lo que aparentan. Comparten el escenario, Indochina o Vietnam, que “en treinta años recibió cuatro millones de toneladas de bombas, más que todas las que lanzaron durante la Segunda Guerra Mundial todas las potencias aliadas, y en todos los frentes”, escribe Vuillard. Su libro se extiende entre los años veinte y la caída de Saigón en 1975 que evoca la caída de Kabul el verano pasado: “En la esperanza irrisoria de una salida honorable, habrán hecho falta 30 años, y millones de muertos, ¡y así es como termina!”. Es una guerra “que parece no tener fin”, apuntaba ya, décadas antes, un personaje de la novela de Lemaitre, “y, sin embargo, tendrá un fin”. “Esta guerra”, añade, “no pude ganarse. El Gobierno lo sabe, todo el mundo lo sabe. Mientras tanto, fingimos.”

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Eric Vuillard en 2018 en Rennes.
Eric Vuillard en 2018 en Rennes.DAMIEN MEYER (AFP via Getty Images)

Vuillard, en un correo electrónico, explica: “Indochina fue una derrota militar humillante. Los militares franceses no imaginaban que podrían perder ante los colonizados. Su actitud, sus estrategias, son una negación de la realidad. No imaginan que el mismo coolie que arrastra el cochecito en el que están instalados pueda alzar cañones en las colinas de Dien Bien Phu”.

El autor de El orden del día añade: “La literatura puede intentar iluminarnos sobre un ambiente, intentar trazar un retrato de esta arrogancia. Escribir es poner en relación, en este caso, el trabajo forzado de los coolies en las plantaciones, el encarnizamiento de los militares y el apetito de los bancos. Desde Jane Austen y Balzac, ¿acaso la literatura no se ha impuesto a sí misma la vocación de levantar ‘el tabú de los intereses’?”

He aquí otro punto en común entre Vuillard y Lemaitre. Aunque en el libro del primero Indochina es central, y en el del segundo es uno de varios escenarios junto a Beirut y París, ambos exponen la corrupción que mantenía en pie el andamiaje colonial, un complejo político-militar-industrial que sostuvo la guerra y prosperó gracias a ella. Ambos comparten una perspectiva marcadamente de izquierdas, anticapitalista incluso.

Una guerra que no está en ninguna parte

Pero no hay una explicación para la coincidencia de dos novelas que recuperan, en el mismo momento, una guerra que, como escribe en cronista literario Pierre Assouline, “no podrá decirse (…) que obsesione a nuestros contemporáneos” y que “no está en ninguna parte, mientras que la guerra de Argelia está por doquier”. Y es cierto que Indochina ha quedado tapada en la ficción y el debate público, no solo por Argelia —un trauma omnipresente en la Francia contemporánea— sino por la guerra estadounidense de Vietnam, que fue su segundo capítulo y su epílogo.

La coincidencia en la publicación de Une sortie honorable y Le Grand Monde quizá se explique por lo que el crítico Antoine Compagnon llamaba hace unos años “un movimiento hacia la historia”, una tendencia en la literatura francesa contemporánea consistente en “novelar un pasado ignorado en el periodo anterior”.

Vuillard explica que, en Indochina, encontró la “realidad colonial” en un “estado bruto”, con el trabajo forzado, la ocupación militar y las operaciones de pacificación, y al mismo tiempo el poder de la banca y la industria que hallaron en la colonización su “dimensión universal”. “En cierta manera”, afirma, “la mundialización tiene su origen en los imperios coloniales. La mundialización es la colonización por otros medios”.

Para Lemaitre, la elección de Indochina como escenario “es más estratégica e histórica que política o ideológica”, declaró en enero durante un diálogo con Vuillard en el semanario L’Express. Lemaitre recurre a Indochina —el escenario donde se desarrolla una parte de la trama sobre una gran estafa que implica a la Administración francesa— como espejo de la sociedad de finales de los años cuarenta. Es el momento en que arranca esta segunda trilogía que, después de la primera que se inició Nos vemos allá arriba y arrancaba en la Primera Guerra Mundial, cubrirá la segunda mitad del siglo XX.

Le Grand Monde se abre con una cita de Lucien Bodard, autor del libro clásico de historia La Guerre d’Indochine. Bodard veía aquella guerra como el origen de la guerra de Argelia y de la descolonización en África; el origen, como han entendido bien Vuillard y Lemaitre, de muchas cosas de la Francia actual.

“Indochina fatal; Indochina matriz de todo”, suspiraba Bodard. Y escribía: “Qué de novelas por escribir”. Vuillard y Lemaitre le han dado la razón.

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