Se trata de una muestra de tres creadoras –Rosalía Banet, Paula Rubio y Elvira Smeke– con conceptos y planteamientos plásticos distintos, pero con un común sentido de compromiso y conciencia social. El arte, más allá de su estética, es uno de los mejores medios de transmisión de sensibilidades ligadas al respeto a las personas y al entorno natural, a las libertades individuales y a la lucha contra la violencia.

“Un Atlas que no cesa” ofrece la oportunidad de reflexionar sobre estos valores, revisando hábitos y cánones establecidos. Para ello, la comisaria ha convocado a artistas del panorama nacional e internacional que, con unos trabajos consolidados e imbricados en sus respectivas trayectorias, conviven en esta muestra, provocando analogías y sinergias.

Estamos ante una exposición necesaria, que habla desde la implicación y desde el poder de las imágenes para comprender el mundo, cuestionando asuntos sociales y culturales aún por resolver. Desde la pluralidad de enfoques, y desde el alejamiento de cualquier rasgo ligado a la belleza convencional, las obras dialogan con el espectador mostrando el irrenunciable papel de la creación plástica en nuestra mejora como seres humanos.

“365 hojas, 365 mujeres”, de Elvira Smeke. SANTIAGO MARTÍNEZ


Poseedoras de un bagaje simbólico ancestral, las imágenes son depositarias de una imperecedera memoria colectiva que podemos rastrear a lo largo del tiempo, así lo hizo Aby Warburg en su “Atlas Mnemosyne” hace casi un siglo. El método del historiador alemán, basado en la construcción de una cartografía histórica de obras de arte, permite profundizar en ciertas constantes estéticas y antropológicas. Desde esta premisa, la exposición ofrece un repertorio de obras que, desde su génesis y planteamiento formal, y desde la diversidad de técnicas –rescatando métodos y materiales tradicionales como el fieltro, el vidrio o el bordado–, revierte las imágenes en nuevas lecturas y significados, configurando un friso plástico vertebrado desde el compromiso y la concienciación.

Es desde esta responsabilidad desde donde se entienden las propuestas de Rosalía Banet. La serie de acuarelas “Humano versus Animal” representa la lucha entre el orden establecido y el orden natural en un acto turbador en el que nos devoramos constantemente.

Estamos inmersos en un mundo absurdo y contradictorio, cada vez más deshumanizado y hostil que nosotros mismos hemos fabricado. El cuerpo es soporte de esa dicotomía entre lo humano y lo salvaje, un campo de batalla que provoca inquietudes que surgen al traspasar la piel y profundizar en las entrañas de lo establecido. En este sentido, la serie de fragmentos anatómicos de animales (cuerpo de zorra, garras de loba o cabeza de cerda) evidencia un malvado uso del lenguaje que ha servido para construir la imagen femenina desde la infamia; la artista plantea una revisión de dicho lenguaje, propone un retorno a lo auténtico recurriendo al fieltro –lana natural que aísla y protege– para, de alguna manera, “amortiguar” el insulto.

“Humano versus Animal”, de Rosalía Banet.


También el fragmento se halla en el trabajo de Paula Rubio Infante, una serie de vidrieras de formas irregulares concebidas a la manera tradicional, mediante un esqueleto metálico que sujeta cada trozo de vidrio y que, tintados de negro, pierden su función. El sentido mágico y místico de la luz que siempre las ha atravesado, como en las cátedras góticas, ha desaparecido, y las piezas adquieren nuevos significados ligados a la historia personal de la artista y su relación con el entorno de la cárcel de Carabanchel, en Madrid. Tras las atractivas y misteriosas formas de estas piezas se ocultan los dibujos expresivos y crípticos de uno de los presos que la habitaron y que ella recupera trasladándolos a los vitrales, triste metamorfosis del brillo trasmutado en opacidad, a un tiempo reflexión y denuncia del brutal aislamiento, oscuro y silencioso.

“365 hojas, 365 mujeres” es una instalación de la artista mexicana Elvira Smeke, una obra de tan delicada belleza formal como cargada de cruda realidad. Hojas recolectadas son soporte para la denuncia; los nombres de algunas de las mujeres asesinadas en su país aparecen bordados con hilo de algodón, es la huella de la ausencia, pero también la amenaza para tantas y tantas mujeres cuya vida pende de un delicado y casi transparente hilo. Tras la apariencia “poética” del conjunto, se halla la tragedia.

La autora recurre al cosido para transformar su carácter doméstico, empoderándolo y convirtiéndolo en instrumento de denuncia contra la injusticia, mostrándonos cómo cada bordado se puede convertir en un manifiesto reivindicativo y, como afirma Rozsika Parker, cada puntada en un acto subversivo.

Estamos ante una exposición arriesgada y transgresora. Hay que agradecer a la directora de la galería, Diana Llamazares, proyectos de este calado, que enriquecen considerablemente el panorama artístico de Asturias. La galería Llamazares viene apostando por jóvenes creadoras como las que ahora podemos contemplar y colabora con comisarias que –como Semíramis González o Susana Blas y Zara Fernández de Moya– siempre apuestan, desde el compromiso y la honestidad, por un arte que no cesa.

Un Atlas que no cesa

Rosalía Banet, Paula Rubio y Elvira Smeke 

Galería Llamazares c/ Instituto 23, Gijón

Hasta el 19 de junio



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