Cráneos de víctimas herero y nama durante una ceremonia celebrada en Berlín en 2011 con representantes de los descendientes de ambos pueblos.
Cráneos de víctimas herero y nama durante una ceremonia celebrada en Berlín en 2011 con representantes de los descendientes de ambos pueblos.Michael Sohn / AP

El primer genocidio del siglo XX no fue el armenio, como suele creerse, sino el de dos pueblos, los hereros y los nama, que vivían en lo que hoy es Namibia. Y quien lo perpetró fue el ejército del Segundo Imperio alemán —o II Reich (1871-1918)— entre 1904 y 1908. Tras cinco años de negociaciones, este oscuro episodio de la historia colonial germana se reconoce oficialmente. Por primera vez, el Gobierno alemán ha expresado este viernes que el asesinato de decenas de miles de personas de estas dos etnias africanas fue un “genocidio”.

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“A la luz de la responsabilidad histórica y moral de Alemania, pediremos perdón a Namibia y a los descendientes de las víctimas”, señaló en un comunicado el ministro de Exteriores, Heiko Maas. Alemania sufragará un programa de desarrollo en Namibia con 1.100 millones de euros como “gesto de reconocimiento” ante “el incalculable dolor” provocado por las masacres cometidas hace casi 120 años. Maas reconoció que una verdadera reconciliación no puede “ser decretada”, pero destacó el “paso importante” que supone “el reconocimiento de la culpa” y la petición de perdón.

Las autoridades alemanas tienen previsto viajar a Namibia, un país de poco más de dos millones de habitantes situado en el suroeste de África, para oficializar la disculpa. El presidente, Frank-Walter Steinmeier, volará a Windhoek y participará en un acto conmemorativo en el Parlamento, donde pedirá perdón formalmente. El ministro de Exteriores también prevé viajar al país para firmar allí la declaración.

Aunque es la primera vez que de forma oficial se reconoce el genocidio, y se emplea esa palabra, el Parlamento alemán ya se refirió de esta forma a la masacre de hereros y namas en noviembre de 2019. Los representantes de estos dos pueblos exigían indemnizaciones individuales, pero Alemania no ha aceptado la petición. En lugar de eso, financiará a lo largo de 30 años proyectos de reforma agraria, abastecimiento de agua y formación profesional a través de un fondo destinado especialmente a los territorios en los que viven los descendientes de los dos pueblos. El Gobierno federal asegura que con esta reparación económica se cierra la vía a reclamaciones legales.

“Estoy contento y agradecido de que haya sido posible alcanzar un entendimiento con Namibia sobre el capítulo más oscuro de nuestra historia común”, señaló Maas en el comunicado. Ambos países nombraron negociadores que han trabajado más de cinco años en el acuerdo. “Los representantes de las comunidades herero y nama participaron estrechamente en las negociaciones por parte de Namibia”, añadió el ministro. “Ahora nos referiremos oficialmente a estos eventos como lo que fueron desde la perspectiva actual: genocidio”.

El Imperio alemán de Guillermo II fue una potencia colonial en lo que hoy es Namibia desde 1884 —cuando se celebró la Conferencia de Berlín que consagró el reparto de África entre varios países europeos— hasta 1915 y reprimió brutalmente los levantamientos de los grupos étnicos. Los historiadores calculan que alrededor de 65.000 de los 80.000 herero y al menos 10.000 de los 20.000 nama fueron asesinados por los alemanes durante el dominio.

Cuando los herero y los nama se rebelaron contra la ocupación alemana, el emperador envió a unos 14.000 soldados para reprimir la revuelta. Tras una de las batallas más importantes, la de Waterberg, en 1904, Lothar von Trotha, general que ya había reprimido brutalmente otras rebeliones nativas, ordenó a sus tropas ejecutar a los hombres que fueran capturados y expulsar al desierto, a una muerte segura por sed y hambre, a las mujeres y los niños. Además, los soldados envenenaron algunos pozos de agua y cortaron el acceso a otros.

El pasado colonial de la potencia europea no es demasiado conocido, en parte debido a su final temprano después de la Primera Guerra Mundial. Mientras Francia e Inglaterra tuvieron colonias durante más tiempo y libraron guerras coloniales, en Alemania se creó “una especie de imagen limpia sobre el tema del colonialismo”, explica el historiador Sebastian Conrad en una entrevista reciente en Der Spiegel.

Conrad se muestra sorprendido en la entrevista por el hecho de que Alemania haya tardado tanto en calificar oficialmente de genocidio lo sucedido en Namibia, entonces África del Suroeste alemana: “¿Qué podría haber sido si no? ¿Qué significa esta palabra sino la aniquilación parcial de ciertos pueblos? Todos los documentos y todos los relatos de los que disponemos son una clara evidencia de que los alemanes querían acabar con los herero y los nama. Fue pura suerte que algunos sobrevivieran”.

El debate sobre el pasado colonial alemán ha cobrado importancia en los últimos meses, alentado por decisiones sobre objetos artísticos expoliados, aunque el robo no lo protagonizaran los alemanes. Los museos han elaborado guías sobre cómo actuar con estas piezas y recientemente el Ministerio de Cultura ha decidido devolver los llamados bronces de Benín, unos de los objetos más famosos del arte africano, cuya propiedad reclamaba Nigeria. Las piezas, realizadas entre los siglos XVI y XVIII, decoraban el palacio real del reino de Benín, en lo que hoy es el suroeste de Nigeria. Se vendieron al mejor postor después de que los británicos saquearan el país a finales del siglo XIX. Las 530 esculturas que están en Berlín iban a ser expuestas en una sala del Foro Humboldt, pero la exposición se canceló. Serán devueltas a Nigeria a comienzos de 2022.

Las huellas de la breve pero sangrienta época colonial alemana perviven en muchas calles y plazas y cada cierto tiempo vuelve a la actualidad el debate sobre qué hacer con los nombres de colonizadores en el callejero. Alemania tuvo colonias en las actuales Namibia, Camerún, Togo, Burundi, Ruanda, partes de Tanzania y Kenia, y también en territorios de Asia y Oceanía. Berlín ha discutido durante años una forma de sortear la negativa de algunos comerciantes y habitantes del barrio africano de la ciudad a cambiar el nombre de algunas de sus vías. Grupos de activistas han propuesto, por ejemplo, que Petersallee ya no honre al colonizador de África Oriental Carl Peters, sino a Hans Peters, miembro de la resistencia contra el nazismo.



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