Esther Moreno | El pasado 21 de marzo, el Rector de la Universidad de Zaragoza nos comunicó oficialmente, por correo electrónico, a toda la comunidad universitaria, el plan urgente  de medidas de contención del gasto energético que tienen en proyecto, y que está publicado en la web de la Oficina Verde de la Universidad.

En este plan, junto a una una serie de medidas de ahorro y mejor aprovechamiento energético que son necesarias y que deberían de haberse implementado desde hace años, se anuncia el cierre de la Universidad a las 15h. a partir del final de las clases de este curso, esto es, a partir del 1 de junio, y se anuncia que, para el próximo curso “se trabajará para planificar la actividad general universitaria de 8:00 a 17:00 horas”, sin que el proyecto, muy difuso, descienda a definir qué significa eso exactamente, y olvidando, como siempre, que las limpiadoras comienzan su jornada a las 6 de la mañana.

El estupor causado por este anuncio ha sido mayúsculo. Por un lado, todo el mes de junio es temporada de exámenes y las bibliotecas están repletas hasta las 9 de la noche, (tradicionalmente, la universidad cierra por las tardes a partir del 10 de julio, aproximadamente). Y por otro, la idea de aglutinar la actividad universitaria el próximo curso de 8h a 17h es inviable. En la universidad, por las tardes, además de clases, prácticas, másteres… y servicios como las bibliotecas, que son necesarios, también hay personas que trabajan por la mañana y reciben e imparten clases por la tarde. Y hay toda una serie de actividades como conferencias, cine, música, etc., que son también formación universitaria. La universidad es también un espacio de relación entre las personas que la habitan, no es una oficina que abre de 8h a 17h.

Pero, sobre todo, ¿cómo es posible que una universidad pública se plantee restringir sus horarios en tiempos de carestía energética cuando es precisamente en momentos así cuando los servicios públicos deben permanecer abiertos para que la comunidad universitaria, en este caso, pueda trabajar en ellos, y no mandar a cada unx a su casa a gastar calefacción o electricidad, en el caso de que pueda pagarla? ¿Qué concepto de lo que es un servicio público tienen quienes han ideado estas propuestas? Como decía un compañero, es como si se restringieran los transportes públicos, buses y tranvías, para que cada cual se desplazara por la ciudad de forma privada.

Si no llega el presupuesto para la universidad pública, tal vez tenemos que exigir que deje de subvencionarse a la universidad privada, a Motorland, a las estaciones de esquí o a las Olimpiadas,  o que se nacionalicen las eléctricas, o que se les cobren impuestos acordes a sus beneficios, o no pagar la factura… pero no terminar a las 5 de la tarde, con lo que eso puede implicar de clases online, peores contratos para profesorado o personal de administración y servicios, reducción del número de matrículas, etc.

Después resulta que el Rector ha dicho que ya se verá, que según, que se estudiará con cada facultad y servicio…  A colectivos de estudiantes que han convocado asambleas para protestar contra estos posibles cierres se les ha amenazado con que tengan cuidado con lo que dicen porque están propagando bulos… cuando están movilizándose a partir de una información oficial de la universidad. Si el equipo rectoral ha caído en la cuenta del error de sus planteamientos (ojalá), tendrá que hacerlo público y cambiar la información que da en su web, pero no puede esperar que nos crucemos de brazos ante estos anuncios.

Pensábamos que éramos un servicio esencial. Espero que seamos muchxs quienes no secundamos esta concepción burocrática del conocimiento, y de la vida en general, que expulsa a la gente de los servicios públicos y trae consecuencias nefastas para la mayoría.



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