Así de fuerte y claro habla María Noel Vaeza, directora regional para las Américas y El Caribe de ONU Mujeres. En entrevista para el Grupo de Diarios América  (GDA) en el marco del Día Internacional de la Mujer, asegura que “la igualdad de género es un buen negocio”, pero   lograrla no es sencillo porque se trata de un “cambio societal”.

La uruguaya, exdirectora de Regional de la Oficina de Naciones Unidas de Servicios para Proyectos (UNOPS), reconoce el golpe que representó la pandemia para las mujeres. “Las trató muy mal, profundizó la feminización de la pobreza”. Y echó atrás avances de 18 años.

Vaeza no evita hablar de las diferencias que hay en los países de la región en tema de los derechos de la mujer: en México, destaca el porcentaje de mujeres en la política, pero lamenta la violencia; de Chile destaca que “los ojos del mundo” están puestos en este país, y lo atractivo de la promesa de paridad y de colocar a la mujer en el centro de la recuperación post-Covid.

Hay muchos recursos de los Estados que se pierden, que no llegan a las mujeres porque no está al centro la transformación de la mujer. Yo ya me cansé de hablar de transversalización de género. Tenemos que hablar de transformación de la sociedad para que asuma de una vez por todas que la mujer es fundamental para el avance y el desarrollo de nuestra sociedad. Sin la mujer no puede haber desarrollo económico sostenido.

Los gobiernos de la región no han planteado medidas y políticas claras para atender la crisis de desigualdad y violencia que afecta a las mujeres tras la pandemia. ¿Qué trabajo se está haciendo desde ONU Mujeres para lograr que este tema sea abordado con urgencia?

La pandemia ha reafirmado la importancia del trabajo de cuidados. Puso en la mesa que el cuidado es un trabajo. No se consideraba así. Tenemos las famosas tres R: primero reconocer que el cuidado es un trabajo; segundo, redistribuirlo, porque el hombre es corresponsable de ese trabajo. Y tercero, reducirlo, para que la mujer disfrute del ocio, para que pueda salir a trabajar afuera, para que pueda salir a actuar en política, etc.

El tema de cuidados es nuestra prioridad política y también hemos evolucionado el concepto de sistema integral de cuidado para entender que el cuidado tiene que tener un triple dividendo de retorno para los países, porque es la salida de la actual crisis económica. El primer retorno es vincular el bienestar de las personas que reciben cuidado y el desarrollo. El segundo es la creación de fuentes de trabajo. Podemos crear millones de empleos de cuidadoras. Son trabajos naranjas, no generan polución y además deben ser de calidad, recibir certificación, formación. A medida que eso es así, estos trabajos generan una fiscalidad, porque van a generar impuestos. Y eso va a permitir que el sistema de impuestos siga manteniendo el sistema de cuidados. Es una inversión del Estado, la creación de empleo en este sector. Y genera condiciones para la autonomía económica de las mujeres.

¿Los Estados se están dando cuenta de los beneficios de este sistema de inversión?

Sí, se están dando cuenta. Hicimos un presupuesto de cuánto saldría las guarderías en México y cómo esto redundaría en beneficio de los niños y generar empleo para cuidadoras. Era una relación de uno a dos. Una inversión del 1% generaba el 2% de empleo y 2% de fiscalidad, 2% de oportunidades laborales. Es una inversión enorme. Es una inversión que hay que hacer.

 

¿Cuáles considera que han sido los logros más significativos y cuáles los desafíos de ONU Mujeres en la defensa de este sector?

 

Entre los logros, la participación creciente de la mujer en la vida pública. No se puede negar que, en los últimos 3 años, la mujer está cada vez más en la vida pública. Los movimientos sociales en todos los países de la región desde hace 5, 6 años, cuando empezó Ni Una Menos, y ahora la Marea Verde, las Tesis, los del 8 de marzo… estamos presentes en la vida pública y nuestras voces se están sintiendo. Es algo que los políticos no pueden obviar. Hay leyes específicas: de violencia que garantizar la igualdad, la paridad. Hemos avanzado mucho en ese sentido también. Los sistemas de cuidado es otro. Hay una conciencia en el sector privado de que la igualdad es una responsabilidad social, pero es un principio rentable.

La igualdad de género es un buen negocio. Es un ganar ganar.

Hay avances. Lo que pasa es que son desesperadamente lentos. Estos logros son de la sociedad, y ONU Mujeres está colaborando muchísimo. Para nosotros y para la ONU, su prioridad es la igualdad.

Los desafíos siguen siendo enormes. Necesitamos más mujeres en espacios de poder, necesitamos redistribuir la carga de cuidados. Necesitamos erradicar la violencia.

 

A últimas fechas se habla mucho de las inversiones con impacto de género. ¿Qué significa y cómo pueden beneficiar a las mujeres?

 

Es fundamental llamar la atención y lograr que los mercados financieros vean en activos y productos con enfoque de género, una oportunidad de ganancia. Desde 2015 a ahora han crecido las inversiones en este rubro más de un 300%. hablamos de solo 4 mil mdd. Creo que es muy poco. Necesitamos 40 mil. Hay más de 120 fondos de capital privado y de riesgo con enfoque de género. Otros 5 mil mdd. Necesitamos mucha más inversión en tecnología y mujer. Es el área donde más tenemos que poner el foco. Esta iniciativa que tenemos de inversionistas por la igualdad, les abre los ojos. Se preguntan: “¿por qué no estamos haciendo esto? Estamos dejando de ganar dinero”.

 

Necesitamos que se den cuenta que la inversión mucho más rentable está en proyectos de mujeres, en start ups de mujeres. También es importante la generación de cooperativas, de asociaciones. La mujer trabajando en red es muy efectiva.

 

En México ha habido avances importantes, movimientos importantes. Pero hay otra realidad: México no ha tenido una sola mujer presidenta. Las candidatas no han llegado a 10. Aunado a ello, los feminicidios y la violencia de género son imparables. ¿Cómo se puede atender este fenómeno?

México es uno de los países de la región, y del mundo, con mayor porcentaje de mujeres en la política, producto de una estrategia sostenida de democracia paritaria. Es un ejemplo que tenemos que destacar. El país pasó de un sistema de cuotas a un mandato constitucional de paridad en todos los poderes y en todos los niveles del Estado. Hay 7 estados gobernados por mujeres; antes no había ni uno. Uno de cada cinco municipios es presidido por mujeres. Antes no había ni uno. México ocupa el cuarto lugar de representación de mujeres en Parlamentos a nivel global: 50% en la Cámara de Diputados y 49 en la de senadores. No hay otro país que tenga esto.

No obstante, persisten los desafíos más importantes que tienen que ver con la cultura, las reformas societales. Por un lado, en términos cuantitativos todavía es necesario implementar la paridad en todos los niveles. Esta fue la primera elección que fuimos con la paridad en todo. Pero hay que garantizar ese avance sostenido. Tenemos que tener debidos procesos, que exista una justicia electoral que permita a la mujer avanzar.

La violencia en México es terrible. Ser mujer en México es terrible por la violencia, por la violación de los derechos humanos que lamentablemente sigue aumentando y a medida que la participación de las mujeres aumenta, suele darse un aumento de la violencia política contra ellas.

Siete de cada 10 mujeres sufren algún tipo de violencia: emocional, económica, física, sexual, en algún momento de sus vidas. Es muy alto. Estamos hablando de casi 67% de las mujeres mexicanas de todos los estratos sociales. Es algo general. La erradicación de la violencia contra mujeres y niñas requiere esfuerzos sostenidos, continuos, de largo plazo. No es un programa, no es una campaña. Es algo muy sostenido y tiene que tener una inversión muy fuerte. No es verdad que la violencia contra la mujer es imparable. Se puede parar. Se puede prevenir y se debe reducir y eliminar.

Necesitamos redoblar esfuerzos. Y que el Estado mexicano se dé cuenta de que es una emergencia nacional. No es normal que 67% de mujeres sufra de violencia. Tiene que llamar la atención de los políticos para resolver este tema.

Hay diferencias muy grandes en la región en temas clave: Colombia acaba de aprobar el aborto hasta la semana 24 de gestación. En cambio, en Ecuador el presidente anunció que vetará la reforma sobre el tema y en países como El Salvador, las mujeres terminan en prisión por abortar. ¿Cómo reducir la brecha? ¿Qué hace falta para cambiar esta realidad?

Hace falta diálogo y poner el tema de salud sexual y reproductiva en perspectiva. No solamente pedir algo, sino hablar en un contexto. Para la salud sexual y reproductiva tiene que haber educación. Tenemos que hablar de la autonomía económica de la mujer. De la violencia. No podemos hablar de un tema solo. Esto es integral y hay que tratar el tema de manera integral.

En la medida que podamos hablar así podemos lograr mayores consensos. Si no, nos enfrentamos a un fraccionamiento, porque hay un sector de las mujeres que no piensa así y no se sienten representadas. Hay que buscar consensos.

El tema del aborto tiene relación con la pobreza, con la falta de autonomía económica, con la violencia…

En Costa Rica, durante las últimas dos décadas, las mujeres han percibido un 9.7% menos de salario que los hombres por realizar las mismas tareas. Situaciones parecidas ocurren en otras partes del mundo. ¿A qué atribuye usted el fracaso de las iniciativas que se han promovido en los últimos años para reducir tales inequidades? ¿Qué cuota de responsabilidad tiene la ONU?

Lo que está pasando es que la corrupción y la falta de transparencia prima en nuestra región. Si tengo una nómina transparente que se puede publicar, se va a saber. Se sabe qué pasos va a tomar el empresario para cerrar la brecha. Eso es lo que pedimos nosotros.

Naciones Unidas puede presentar los temas. Pero quienes tienen que llevarlos a cabo son los gobernantes, los empresarios. Nosotros trabajamos los Principios de Empoderamiento Económico de la Mujer, que son 7. Va directamente a las empresas para ayudarles a superar esa brecha laboral, salarial, para que entiendan que en la medida que se escuche la diversidad de la mujer, esa empresa va a ganar más y va a ser mejor.

 

Si en Uruguay los marcos normativos son de vanguardia ¿por qué hay una desigualdad tan significativa en cargos de decisión?

Uruguay no es una excepción de otros países, particularmente en el Cono Sur. En Uruguay y en muchos países de la región las mujeres son las que más se matriculan en universidades. Pero a la hora de la decisión, como las mujeres no tenemos tiempo para el tema de cuidado, para asistir a las reuniones de partidos políticos, etcétera, a menos que seas soltera y no tengas hijos, hay una discriminación por falta de tiempo, por falta de espacios. Para que una mujer sea política, tiene que invertir sus recursos, porque el partido político te discrimina y no invierte en ti. Entonces a pesar de que Uruguay está en la vanguardia en muchas cosas y tenemos la mejor ministra de Economía y Finanzas de la región, no tenemos muchas ministras.

Estamos remándola todavía. Lo mismo en el Parlamento. Pero avanzó muchísimo y nuestra vicepresidenta es un modelo rol.

Pero la violencia sigue siendo alta, como en toda la región. Tenemos que seguir visibilizando esa desigualdad y esa discriminación para que un día se acabe.

 

En Chile se está escribiendo una nueva Constitución, en cuya propuesta se incluirá tener una Justicia con principios de paridad y enfoque de género. ¿Cómo ve ONU Mujeres esta propuesta o bien, cómo se debería ejercer ese enfoque y qué experiencias similares existen?

Los ojos del mundo están puestos en Chile, en su proceso constituyente, que desde un inicio fue muy llamativo, porque marcó un precedente, tanto en la materia de género como en la materia de multiculturalidad, porque se estableció un sistema para apoyar a las poblaciones originarias.

El presidente electo ya dio la señal de que va a haber más mujeres que hombres en el gabinete, pero para mí lo más importante es que el presidente quiere que la recuperación de Chile por el Covid-19 sea con la mujer al centro. Es el único presidente -electo- que yo he escuchado decir eso. Y esto es lo que tenemos que mirar bien de cerca. ¿Cómo va a hacer esa recuperación con cara de mujer? Nosotros vamos a estar apoyándolo, particularmente con el tema de un sistema de cuidado que Chile no tiene.

 

El tema del 8 de marzo es “Igualdad de Género hoy para un Mañana Sostenible”. Frente a todo este panorama que ha pintado, ¿cómo se ve esta fecha? ¿Qué se está haciendo?

Este 8 de marzo es clave porque quiere llamar la atención sobre un tema que se va a tratar en la Comisión del Estrato Jurídico y Económico de la Mujer, que es el mecanismo que tenemos en la ONU para darle seguimiento a la Cuarta Conferencia Mundial de la Mujer que tuvo lugar en Beijing.

La comisión tiene 65 años y todos los años se reúne en Nueva York para determinar cómo van avanzando los derechos de la mujer, cómo deberían avanzar, cuáles son los desafíos, oportunidades. Este año, por primera vez, vamos a estar hablando de las mujeres que necesitan un futuro igualitario, sin estigmas, sin estereotipos de herencia, un futuro que sea sostenible, pacífico, con igualdad de derechos y oportunidades. Es un futuro igualitario en el mundo del Covid. ¿Cómo generamos mujeres líderes? ¿Cómo las generamos también en lo que es el cambio climático, el medio ambiente? Queremos llamar la atención de todos estos temas. Un clamor a favor de generación de igualdad. Somos la generación que tenemos que llegar a esa igualdad. 2030 está a la vuelta y tenemos que llegar a eso.

¿Hay futuro sostenible sin igualdad de género?

El mundo está llegando a un punto de inflexión para entender que no podemos seguir adelante sin igualdad de género… Estamos cansadas y no podemos esperar 100 años. Queremos las cosas y las queremos ya. Si el sector privado se da cuenta que va a ganar más dinero, va a abrazar el tema de la igualdad. No porque seamos lindas si no quieren, sino porque van a ganar más dinero. El tema de la igualdad de género es un tema de poder. Y distribuir el poder todos sabemos que no es fácil. Pero creemos que si no se llega a esa distribución paritaria del poder, si no se aspira a esa distribución paritaria del poder, nuestras democracias van a seguir siendo débiles, van a seguir siendo no inclusivas y discriminatorias. Ese es un futuro que no queremos.

 

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