Carmen camina por los alrededores de la Plaza del Castillo de Pamplona sin detenerse en ningún bar. Esta mujer tiene claro que, pese a que Navarra haya reabierto este jueves el interior de la hostelería al 30%, ella no entrará en ningún local: “Lo siento por los hosteleros, pero no me parece el mejor momento”.

Con lo bien que íbamos y ahora estamos con el miedo puesto en las fiestas de Navidad porque se espera lo peor”, dice. “Espero que seamos todos un poco conscientes”. La misma preocupación que siente esta pamplonesa se vive estos días en toda Navarra. Porque la reapertura del interior de la hostelería ha llegado a una semana de Nochebuena y en un momento en el que la pandemia parece haber empezado a golpear de nuevo a la Comunidad Foral.

Navarra ha detectado este jueves 124 nuevos casos de coronavirus, el 60% de ellos en Pamplona y su comarca. Aunque esta cifra quede muy lejos de las que se están registrando estos días en otras comunidades, no se alcanzaba desde el pasado 26 de noviembre y se aleja de los 93 casos detectados en el día anterior.

Pero este aumento de los contagios no es algo puntual. En los últimos días el ritmo de los positivos en Navarra se ha mantenido al alza, algo que muchos achacan al temido ‘efecto puente de diciembre’.

“Entre el puente, el Black Friday y las compras de Navidades… al final es un cúmulo de cosas que no se puede frenar”, confiesa un joven a la puerta de un bar de la calle de la Estafeta. “Estamos muy preocupados con todo lo que pueda derivar esto porque no hay forma de controlarlo”.

Este joven, hostelero de profesión, está convencido de que las restricciones se han cebado con su sector. “Parece que la hostelería es el problema y están todas las grandes superficies y centros comerciales llenos”, dice. “Esto no tiene fin”.

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Los bares de la calle de la Estafeta.NIUS

José Antonio Ciganda, dueño del bar Don Luis, en el centro de Pamplona, es otro de los muchos hosteleros que creen que su sector está pagando los platos rotos. “Te obligan a abrir de cualquier manera”, dice. “Con un 30% de aforo, con sólo tres mesas en el interior del bar, se sientan seis personas y estás con los brazos cruzados”.

A su juicio lo mejor hubiera sido mantener la hostelería cerrada y no sólo por miedo al coronavirus, sino también a nivel económico: “Estas semanas anteriores por lo menos he podido poner raciones para llevar, cafés para llevar y paella para llevar”, cuenta. “Me he podido defender algo, pero así de esta manera me parece imposible”.

En el bar Fitero Javier no opina lo mismo. El dueño de este local de la calle de la Estafeta confiesa que la reapertura del interior, aunque sea a un tercio del aforo, les viene “algo mejor”. Aún así recalca que este año está siendo “nefasto” y tiene miedo de lo que pueda ocurrir en los próximos días. “En Navidad la gente se va a desbocar y no es nada bueno porque podemos volver hacia atrás”.



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