Durante mucho tiempo, los científicos han considerado algunos ambientes antárticos como ambientes con condiciones análogas a las actuales de otros cuerpos celestes del Sistema Solar, por ejemplo, el planeta Marte o las lunas heladas Encélado de Saturno y Europa de Júpiter. Sin embargo, muy pocos lugares han sido considerados ambientes análogos a los de épocas pasadas de esos mismos cuerpos celestes, pese a la gran información que este hecho nos podría aportar acerca de la evolución de los hábitats existentes en ellos.

 

Un equipo multidisciplinar de científicos del Centro de Astrobiología (CAB), dependiente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y del Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial (INTA), todas estas instituciones en España, ha analizado diferentes biomarcadores detectados en los sustratos líticos de los nunataks (palabra inuit que se refiere al saliente rocoso de una cordillera que sobresale de una masa de hielo glaciar o nieve) de la isla Livingston, situada en las islas Shetland del sur de la Antártida. El estudio realizado se ha centrado en el análisis geomicrobiológico y en la caracterización de las comunidades microbianas presentes en los nunataks, y ha sido recientemente publicado en la revista académica Frontiers in Microbiology.

 

Gracias a la gran amplia variedad de técnicas empleadas (entre las que se incluye el inmunoensayo ‘LDChip’, parte básica del instrumento SOLID, diseñado en el CAB para su participación en futuras misiones espaciales), ha sido posible reconocer por vez primera a los nunataks como ambientes análogos del Marte primitivo. Las características climáticas, sobre todo la temperatura y la radiación ultravioleta incidente y reflejada en estos nunataks, mucho más extremas que en otros ambientes cercanos también desprovistos de hielo, producen condiciones similares a las encontradas en otros lugares antárticos como los Valles Secos de McMurdo, clásicos análogos de los ambientes marcianos.

 

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Detalle de la toma de muestras en uno de los nunataks estudiados. (Foto: M.A. Fernández-Martínez et al.)

 

Para poder desarrollarse en las laderas de los nunataks, las comunidades microbianas tienen que encontrar un compromiso entre un ambiente lo suficientemente protegido de las condiciones ambientales predominantes, pero que albergue una cantidad mínima de nutrientes. Así, el quipo ha detectado que los ambientes endolíticos de los afloramientos de roca madre y las capas más superficiales del suelo (hasta 10 cm de profundidad) están colonizadas mayoritariamente por microorganismos capaces de generar estructuras de protección, tales como esporas.

 

Por su parte, como señala Miguel Ángel Fernández-Martínez, investigador del CAB y autor principal del estudio, “Descubrimos que los ambientes endolíticos de rocas disgregadas y sueltas sobre las vertientes de los nunataks presentaban una gran diversidad de microorganismos, menos adaptados a condiciones más extremas, pero también más diversos metabólicamente y potencialmente activos (aunque las técnicas utilizadas en este estudio no permiten afirmar si realmente lo están)”.

 

Esto es debido a que los ambientes que se generan dentro de estas rocas son mucho menos extremos que el exterior, con temperaturas que pueden ser hasta 10 o incluso 15 grados centígrados mayores, y gracias a que las rocas pueden actuar como ‘trampas’ de nutrientes y de humedad, que los microorganismos pueden utilizar con mayor facilidad. Fernández-Martínez comenta que “Sorprendentemente, estas variaciones entre los sustratos resultaron ser mucho más importantes a la hora de estructurar las comunidades microbianas de lo que podían ser otros gradientes ambientales existentes en los nunataks (por ejemplo, los debidos a la altitud o a la vertiente – norte o sur – del nunatak), haciéndonos por tanto rechazar la hipótesis de partida”.

 

“Gracias a estos hallazgos hemos podido comprender mejor cuáles serían las estrategias que los posibles microorganismos que estuvieran presentes en la época del Marte primitivo pudieron adoptar para sobrevivir, así como aprender qué técnicas serían más útiles para detectarlos (como por ejemplo el ‘LDChip’) y ampliar el conocimiento acerca de qué posibles biomarcadores esperamos encontrar dependiendo del sustrato marciano que vayamos a analizar en futuras misiones espaciales”, concluye Fernández-Martínez. (Fuente: CAB)

 

 



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